Por Josué Tejada
Introducción
La República Dominicana se ha consolidado como el principal receptor de inversión extranjera directa (IED) en el Caribe, como resultado de un profundo proceso de transformación estructural. El país ha superado su histórica dependencia de la exportación de azúcar para evolucionar hacia una economía más diversificada, sustentada en los servicios y la manufactura.
Esta transición no habría sido posible con la misma eficiencia sin el impulso decisivo del capital externo, el cual ha contribuido a redefinir la capacidad productiva nacional y a mejorar la competitividad del país dentro del contexto latinoamericano.
Definición de Inversión Extranjera Directa (IED)
La inversión extranjera directa va más allá de una simple transferencia de recursos financieros entre países. Se diferencia de otras modalidades de inversión porque implica la colocación de capital en una entidad residente en una economía distinta a la del inversionista, con el objetivo de ejercer una influencia significativa y obtener rendimientos sostenibles en el largo plazo.
La IED suele estar asociada no solo al aporte de capital, sino también a la transferencia de activos productivos, capacidades gerenciales y vínculos estratégicos con mercados internacionales.
Importancia de la IED para las economías en desarrollo
Para las economías en desarrollo, la IED actúa como un motor fundamental de crecimiento económico. La entrada de capital extranjero facilita la transferencia de conocimiento, tecnología y mejores prácticas productivas que, en ausencia de inversión externa, podrían tardar décadas en desarrollarse de manera endógena.
Las empresas multinacionales no solo introducen maquinaria y capital físico, sino también know-how operativo y, en muchos casos, capacidades técnicas avanzadas. Este proceso genera efectos de arrastre sobre los proveedores locales, quienes se ven obligados a elevar sus estándares de calidad y eficiencia para integrarse en cadenas de valor internacionales.
Asimismo, la IED contribuye a la estabilidad macroeconómica. El ingreso sostenido de divisas fortalece las reservas internacionales y reduce la presión sobre el tipo de cambio, otorgando mayor previsibilidad al entorno económico. La presencia de actores globales y el fortalecimiento interno de las empresas locales desalientan prácticas de competencia desleal e ineficiente, al tiempo que estimulan la innovación y la profesionalización del talento humano.
Tendencia de la IED en la República Dominicana
La evolución de la inversión extranjera directa en la República Dominicana evidencia un dinamismo excepcional, que ha transitado desde una etapa de recuperación hacia un crecimiento histórico. Entre 2010 y 2020, el país registró flujos relativamente estables, con un pico relevante en 2017 que superó los US$3,500 millones.
No obstante, el verdadero punto de inflexión se produjo tras la pandemia. A partir de 2021, la tendencia muestra una trayectoria ascendente sostenida, superando los US$4,000 millones en 2022 y proyectándose hacia un máximo histórico cercano a los US$4,500 millones en 2024, hasta alcanzar US$5,032.3 millones al cierre de 2025, según datos del Banco Central de la República Dominicana (BCRD).
Este comportamiento no solo refleja una notable resiliencia frente a choques externos, sino que también confirma la confianza de los inversionistas en la estabilidad macroeconómica del país. Indicadores como el Emerging Markets Bond Index (EMBI), que se sitúan en niveles históricamente favorables incluso por debajo del promedio regional, respaldan esta percepción y refuerzan el atractivo del entorno financiero y productivo dominicano.

Comparación de la IED con países del Caribe y Centroamérica
A nivel regional, la República Dominicana se ha consolidado como uno de los principales receptores de IED, superando a todos los países del Caribe y posicionándose en 2024 entre Costa Rica y Panamá.
A diferencia de economías más pequeñas, donde la inversión extranjera suele concentrarse en el turismo de lujo o en servicios financieros, la economía dominicana recibe capital en una gama más amplia de sectores, incluyendo turismo, manufactura, energía e inmobiliario, lo que contribuye a una mayor diversificación productiva.

Sectores clave: turismo, zonas francas, energía y sector inmobiliario
Turismo:
El turismo continúa siendo el principal receptor de IED en el país. La construcción de hoteles y el desarrollo de negocios vinculados al alquiler de apartamentos y vehículos en destinos como Punta Cana, Miches y Pedernales han impulsado el valor inmobiliario de estas zonas, generado empleo formal y fortalecido el sector servicios.
Zonas francas:
El crecimiento de industrias como dispositivos médicos y tabaco bajo el régimen de zonas francas ha sido un factor clave de atracción de capital extranjero. Este fenómeno se enmarca en la tendencia del nearshoring, mediante la cual las empresas relocalizan sus centros de producción más cerca de los mercados de consumo, reduciendo la dependencia de Asia y aprovechando la proximidad del Caribe a la economía estadounidense.
Sector inmobiliario:
En los últimos años, la construcción se ha orientado crecientemente hacia modelos de alquiler de corto plazo y uso turístico. En este segmento, la IED no proviene únicamente de grandes corporaciones, sino también de inversionistas individuales que utilizan estos activos como vehículos de inversión y preservación de capital.
Barreras estructurales de la IED: el capital humano
A pesar del crecimiento sostenido de la inversión extranjera —que culminó en el récord histórico de US$5,032.3 millones en 2025—, persisten barreras estructurales que limitan la atracción de proyectos intensivos en tecnología y conocimiento.
El capital humano representa uno de los principales desafíos. Países competidores como Costa Rica y Panamá han logrado captar inversiones de mayor complejidad tecnológica, incluyendo semiconductores, gracias a una fuerza laboral más calificada y a un mayor dominio del idioma inglés.
A esta limitación se suma la ineficiencia del sector eléctrico, que obliga a muchas empresas a incurrir en costos adicionales para generar su propia energía o, en algunos casos, a redirigir sus inversiones hacia países con una oferta energética más confiable, limpia y estable.
Conclusión
La República Dominicana constituye un caso de éxito regional, sustentado en una combinación de estabilidad política y macroeconómica que genera confianza entre los inversionistas extranjeros. Sin embargo, para avanzar hacia un nivel de desarrollo superior, resulta imprescindible cerrar la brecha entre el capital físico y el capital humano.
Este objetivo requiere priorizar la inversión pública y privada en educación técnica y superior, especialmente en áreas STEM, así como fomentar el aprendizaje y dominio del idioma inglés. Reducir la dependencia del turismo tradicional y de la manufactura de bajo valor agregado solo será posible mediante la formación de una fuerza laboral altamente cualificada, capaz de atraer inversiones más sofisticadas y de posicionar al país como un centro de innovación en el Caribe.
Fuentes